COSAS DE PRIMERO Y SEGUNDO

VI CONCURSO DE PINTURA

 

VI CONCURSO DE PINTURA. AUNANDO ESFUERZOS

 

SEGUNDO

 

 

El pasado 11 de diciembre,

en el Salón de Actos del C.P. Marcelo Gago

tuvo lugar el

IV Festival de Convivencia NAVIDAD 2015

organizado por el colectivo "Aunando Esfuerzos",

con diversas actuaciones musicales y obra de teatro.

 Se entregaron los premios a los ganadores y ganadoras

del VI Concurso de Pintura organizado por el colectivo,

entre los que destacan un alumno de nuestro centro,

Raúl Díaz Verdasco de 1º B

rauldibujo1

 

con el 2º Premio  en la Categoría de 6 a 9 años. 

 

AUNANDO ESFUERZOS  es un colectivo,

integrado por La Asociación de La Vecinos de La Magdalena

y las Asociaciones DIFAC, A. REY PELAYO, REALIDAD GITANA,

COLORES y LA CRUZ DE LOS ANGELES,

realizando proyectos de una educación en valores,

la integración y la comprensión a los demás.

 

De parte de toda la comunidad educativa del C.P Palacio Valdés

felicitamos a Raúl.

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NUESTRO AMAGÜESTU

NUESTRO AMAGÜESTU

duende

El viernes fue muy intenso en nuestro cole.

 

A primera hora,

los alumnos de tercero y cuarto

fueron al IES Carreño Miranda

para ver una obra de teatro: 

el gran viaje de carlota

Una obra que trata de las diferencias

y el trato social.

Está dentro del Foro Solidario.

Noticia en la Nueva España

FOTOS DEL GRAN VIAJE DE CARLOTA

 

En ese mismo momento,

los alumnos y alumnas de 2º

tuvieron en el cole un taller de tallado

que les encantó.

Muchas gracias a nuestro carpintero por el taller.

CARPINTERO

 

FOTOS DEL TALLER DE TALLADO

 

Y después del recreo,

vino el plato fuerte que tod@s estábamos esperando.

Todo el cole se unió para disfrutar

de un gran pregón

que nos ofrecía nuestra profe Teresa

(conocida como "la señora lengua"

para los más pequeños),

después vino la  actuación

del duende del amagüestu (vaya marcha...),

y comimos castañas, tomamos sidra dulce

y nos lo pasamos en grande

con los juegos tradicionales.

Sin duda un Amagüestu muy divertido.

Muchas gracias al AMPA, por su ayuda y participación.

Felicidades a nuestra comisión creativa.

 

FOTOS DEL AMAGÜESTU

otoño y

 

Continuará...

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LA PARTIDA


VII

LA PARTIDA 

La primavera sopló otra vez sobre nuestra feliz aldea; las rosas se abrieron, los mirlos cantaron en la pomarada, los terneros mugieron en el establo, los céfiros nos traían sobre sus alas perfumadas los rumores del bosque, gorjeos de pájaros enamorados; la zarzamora que tapizaba los caminos se llenaba de florecillas moradas; del balcón de mi cuarto colgaban ya los pámpanos que alegres temblaban al nacer la aurora...

Todos esos signos de la gloriosa resurrección de la Naturaleza alegraban a los hombres y a los animales, pero a mí me inquietaban vivamente. Había oído decir repetidas veces a mi madre que en cuanto viniese la primavera partiríamos para Avilés. Por aquel tiempo no sabía yo que esta villa guardaba en su seno placeres mucho más exquisitos que los que podía brindarme Entralgo. Pensando en la escuela, en la gramática, en las planas, en la vara de avellano de don Juan de la Cruz, se me ponía la carne de gallina.

¿A qué pensar en ello, sin embargo? Aquí estaban aguardándome a la puerta, como siempre, mis amigos Ramón, Sixto, José, Segundo, una guardia fiel y decidida que yo había logrado formarme durante mi estancia en la aldea. Corríamos los senderos, trepábamos a los árboles para alcanzar los nidos, hacíamos hogueras y asábamos allí patatas, cortábamos varas de saúco para construir tira-tacos, nos pasábamos horas enteras espiando la guarida de las anguilas en los arroyos, pero sin lograr jamás atrapar ninguna, toreábamos a los carneros (desde mi fatal aventura y en pocos meses había ya dado grandes pasos en el arte taurino), montábamos en todos los caballos que encontrábamos sueltos por los caminos.

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RESUMEN HOMENAJE


 

Partimos en autobús hacia Laviana. A nuestra llegada fuimos recibidos por la concejala de cultura del ayuntamiento.

Tras la visita a la casa natal comenzamos el acto de homenaje a don Armando Palacio Valdés.

Un  gaitero de gran prestigio llamado Pablo Carrera abrió el cortejo formado  por algunos niños y niñas de nuestro colegio y el de Laviana que también había asistido.

Tras la ofrenda floral y la lectura de algunos pasajes de su obra entonamos todos juntos el himno de Asturias.

 
Vocabulario:  

  Homenaje: acto o fiesta que se celebra para demostrar el respeto o la admiración hacia una persona.

 

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LA INFANCIA SEGÚN PALACIO VALDES


ANTES DE EMPEZAR

Los niños encuentran siempre el mundo nuevo y jugoso. Para los viejos como yo se cae a pedazos de puro seco. ¿Quién tiene razón? Ellos; sin duda ellos. Todo pierde su valor con el tiempo, pero no es culpa de los manjares, sino de la boca y de la lengua. «Preguntad a los niños y a los pájaros cómo saben las cerezas, dice un proverbio alemán. Ignoro cómo sabrán a los pájaros, pero en cuanto a mí me sabían tan bien hace sesenta años que cuando veía una cesta de ellas caía inmediatamente en éxtasis como Santa Teresa en presencia del Sacramento.

La historia de la infancia es igual siempre a sí misma. Es la felicidad. Todo niño es feliz si una mano brutal no se interpone entre él y la felicidad. Aires, luz, libertad, un poco de arena o de barro. No necesitamos entonces más para ser felices. Sólo en la infancia percibimos el sabor de los elementos creados. Las cosas tienen verdadera significación para nosotros: el mar, la lluvia, la aurora, las montañas y los ríos, las fisonomías de los hombres y de los animales entran por los ojos en nuestra alma y allí se pintan con caracteres indelebles.

Recuerdo la profunda impresión que me causaba en mi niñez el mar. Cuando me acercaba a él todo mi diminuto ser se estremecía; la brisa salina me enajenaba, el fragor de las olas me enardecía, los barcos que se balanceaban en las orillas me dirigían amables invitaciones, las gaviotas volando sobre la inmensa llanura despertaban en mi corazón ansias locas de lo infinito. Era una mezcla de terror y de gozo. No podía hartarme de mirar y de sentir. Había una especie de fascinación en este abismo azul, verde, argentado que me hacía esperar siempre algo inefable y divino. ¿Qué nueva felicidad llegaría para mí? ¿Dónde se escondería en este momento? Mi espíritu daba vueltas, trazaba círculos como aquellas gaviotas sobre la fúlgida llanura. Pensaba en ver surgir de las olas figuras adorables, rostros divinos que me sonreían.¡Ay!,ahora me acerco al mar como si fuese a la Puerta del Sol. Contemplo las volutas argentadas de sus olas con la misma indiferencia que los chorros de las mangas de riego. Su estruendo temeroso me deja impasible como el ruido de los coches, y me parece que las gaviotas con sus graznidos pregonan los periódicos de la tarde.

En realidad sólo en la niñez somos sabios, sólo entonces establecemos las verdaderas relaciones entre los hombres y las cosas: el odio es odio, el orgullo es orgullo y la justicia, justicia.

Por eso escribo la historia de mi infancia, porque sólo entonces me encuentro original y sincero. El niño no se acerca a un general, ni a un ministro, ni a un clérigo, ni a un mendigo; se acerca siempre a un hombre.

Esta confianza inquebrantable en la bondad del Universo es lo que nos hace felices en la infancia. La mía ha sido particularmente dichosa por una disposición de circunstancias que el lector apreciará si se digna pasar la vista por las siguientes páginas.

Mi infancia y mi adolescencia se pasaron en dos medios bien diferentes, en las ásperas montañas de la más abrupta provincia española, y en las riberas del mar. Esta ventaja de alternar la vida campesina con la marítima es inapreciable porque da variedad a la vida y desarrolla en nosotros pensamientos y aptitudes diversos. Sabido es que nada refresca tanto el cuerpo y el espíritu como el cambio de ambiente y de costumbres. Además fui educado con una libertad que pocos niños han disfrutado en la clase a que yo pertenezco. Nadie me ha obligado jamás a estudiar. Yo lo he hecho siempre cuando quería y como quería. Mi padre era un escéptico irreductible en lo referente a educación; se encolerizaba cada vez que oía decir que la educación puede mudar poco o mucho nuestra naturaleza. Tal vez arrastrado por su tendencia a la paradoja, fuese demasiado lejos en este punto.

Después que salimos de la escuela he discurrido siempre a mi antojo por la villa o por el campo en compañía de otros niños hasta que sonaba el Ángelus en la iglesia, en cuyo instante estábamos obligados a restituirnos a casa sin pérdida de tiempo. Nada de ayas o vigilantes, nada de colegios particulares o aristocráticos que no he pisado jamás. He ido siempre a la escuela pública y más tarde al Instituto. No maldigo de colegios y academias que no conozco; pero opino que es mejor para el niño beberse el aire de la calle y recibir algunos sopapos de los hijos de los carniceros. Acaso por esto en las pequeñas poblaciones no existe ese odio irreconciliable entre burgueses y proletarios que observamos en las grandes ciudades.

Laviana con sus ingentes montañas; Avilés con sus vergeles, con la belleza y alegría de sus mujeres incomparables, con sus habitantes selectos, apasionados del Arte; Oviedo, ciudad rebosante de ingenio y cultura fueron los dorados pórticos donde corrió mi infancia. El cielo me concedió una madre solícita y tierna, un padre sensible, noble, ilustrado, parientes afectuosos, amigos de extraordinario despejo que fueron más tarde honor de nuestra nación. En verdad que no debo quejarme de mi hado. Hay sujetos que pasan su vida lamentándose de cuanto les rodea, de su patria, de su fami- lia, de sus amigos, de su profesión y hasta del siglo que les vio nacer, del tiempo y del espacio.

El hombre es un ser que quisiera estar siempre en otra parte. Yo no he aspirado a moverme de la mía. Padres, deudos, vecinos, amigos, compañeros, han sido genios propicios para mí. He hallado en mi camino hermosas almas a las cuales soy deudor del corto talento que he podido desplegar en este mundo. Mis días se han deslizado dulces, serenos, perfumados por el amor y la amistad, turbados solamente por la huída de seres muy queridos a otra región más alta. Ignoro lo que la suerte me reserva. Aunque me resta corta vida, para el dolor puede ser muy larga. Pero si Dios me invitase a repetir la que hasta ahora he llevado, no vacilaría en aceptar el convite.

  

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